
El lunes, al levantarme, la ventana que da la calle me regalo la imagen de la nieve cubriendo calles y tejados:
-“Por fin, nieve”- me dije.
Era la primera gran nevada de este año.
Donde vivo no es raro, cada invierno, recibir el regalo de la nieve y cuando eso ocurre las carreteras cerradas me regalan unos días de vacaciones extra., así que suelo aprovechar para hacer locuras que tengo aparcadas y sobre todo pasear sobre la nieve.
Me encanta su crujido bajo mis pies, es como si flotaras en un mar de nubes; no sabes lo que hay debajo, pero no me importa, aunque te hundas, siempre resulta fácil volver a pisar en la superficie.
La imagen de la nieve vistiendo la ventana me recordó un fin semana del año pasado en el Pirineo:
las tres brujas en una casita rural a la salida de un pequeño pueblo y al levantarnos recuerdo haber encontrado una inesperada capa de nieve; salimos fuera para hacer unas fotos pero como pensábamos una cosa y hacemos otra, empezamos con una guerra de bolas y terminamos haciendo fotos encima de la nieve con mas bien poca ropa (locuras del momento).

Cuando nos quisimos dar cuenta, estábamos congeladas y para entrar en calor dejamos que la chimenea de la cabaña sedujera nuestros tiritones.
¡¡ Que fin de semana¡¡
Esta vez, la nieve, me ha pillado en casa y he aprovechado la tarde para pasear y hacer alguna foto de esos paisajes que parecen sacados de una postal navideña.

Aquí os dejo un montón de copos de nieve por si os animáis a una buena guerra de bolas.
Besos.
Lunna.